
- ¿Qué sucede? -pregunté-
- No puedo dormir.
- Eso ya lo sé...lo que quiero saber es ¿porqué?
- Tengo miedo... -murmuró-
- ¿Miedo? ja! ¿a qué podría tenerle miedo una mujercita tan valiente con tú?
- No lo sé...pero tengo miedo -noté su sobresalto-
- Bien, dime ¿qué puedo hacer para ayudarte?
- ¿Me contarías un cuento?
- Claro, como no, y bien...¿dónde están tus cuentos?
- No, esos no. Mamá ya me ha leído todos.
- ¿Entonces? ¿qué te puedo contar?
- (Hmm)...una historia.
- ¿Sobre qué? -nunca fui bueno inventando historias-
- No lo sé...algo que no me asuste.
- Está bien...-recordé algo que por poco dejaba caer en el olvido...comencé-
Erase una vez un niño, de ojos cafés y rizos castaños, llamado Ian; sus padres lo adoraban le daban todo lo que estaba en sus posibilidades, todo tanto material como el cariño y la atención que el necesitaba, podría decirse que era feliz...
- ¿Ian era muy parecido a Santiago? -preguntó-
- ¿Yo qué? -irrumpió Santiago-
- Cierto, son algo parecidos -sonreí- Santi ¿no que estabas dormido?
- También quiero escuchar la historia...¿vas a continuar?
- Sí...sigue -exclamó Tamara-
- Bueno ya...-continué-
Conforme pasaban los años, a medida que el niño crecía, las cosas se ponían cada vez más difíciles, la escuela se iba complicando, el cariño de sus padres estaba ahora dividido puesto que un nuevo miembro se adhirió a la familia, su hermanita.
Aún así seguía siendo feliz.....
La pubertad llegó a él y con ello el enamoramiento; tenía amigos y amigas, pero nunca advirtió que se enamoraría de una de ellas. Pasaban la mayor parte del día juntos, en principio se sentaban juntos, salían juntos al patio de recreo, iban a la cafetería juntos, de arriba a abajo estaban juntos hasta que el timbre de salida los separaba por una eterna tarde y una noche que casi no sentía, pues pasaba la mayor parte de ella durmiendo soñando, quizás, que llegaba el siguiente día y podría verla de nuevo. Por fin llegaba la tan ansiada mañana y él ya estaba con el uniforme puesto, listo para ir a la escuela.
Todos los días eran muy parecidos y así pasaban los meses....hasta que ella se enamoró.....
- ¿De Ian? -preguntó Tamara-
- No...no de Ian...
- ¿Entonces de quién?
- (shh) Tamara deja que siga -dijo Santiago-
- Ya...-continué otra vez-
...se enamoró y no Ian si no de un muchacho algo mayor que ella, el sufrió mucho, sus calificaciones disminuían; sus padres lo notaron y conversaban con él pero jamás dijo nada cierto, los evadía o decía cualquier otra cosa, pero jamás les respondía.
Se alejó de ella y de algunos de sus amigos y amigas, ya no era el mismo...ella tampoco.
La relación no duró, y ella sufrió, Ian sabía que aquel muchacho iba a lastimarla, y aunque ellos seguían distantes, el se preocupaba mucho por ella, ella lo extrañaba así que intentaron recuperar la amistad que tenían, pasó el tiempo y ella ya no sentía mas nada por el muchacho; continuaron siendo amigos mas él ya no quería más su amistad, la quería a ella pero jamás llegaría a tenerla, aún si le decía que la amaba, no estarían juntos pues ella cambió, estaba distinta, fría, lejana; la observaba, observaba su cambio y se preguntaba mil veces ¿por qué? ¿por qué las cosas se dieron así? ella cambió y él ya no quería estar con ella, se enamoró de la persona que era antes, de quien ya se había ido y se lamentaba el no haberle dicho lo que sentía.
El colegio terminó, todos se alejaron, tomaron rumbos distintos, conocieron otras personas, Ian conoció alguien especial, alguien de quien, con el tiempo, se enamoraría y formaría una familia; y ella, ella hizo su vida aparte, conoció a un joven que realmente se la merecía, ahora son una pareja con planes de matrimonio; Ian, por supuesto, sigue siendo su amigo y siempre lo será.
- Y bien...¿les gustó la historia?
- No -respondió rotundamente Tamara-
- ¿Porqué? -pregunté-
- Porque yo quería que Ian se quede con su amiga.
- Nunca dijiste el nombre de su amiga -dijo Santiago-
- Carolina -sonreí-
- Me gustaría saber ¿que hubiese pasado si se quedaba con Carolina? -dijo extasiada Tamara-
- Eso se lo dejo a tu imaginación. Buenas noches pequeños.
- Buenas noches pa' -dijeron en coro-
Apagué la luz, cerré la puerta y caminé hacia mi habitación, entré y vi a mi mujer ya dormida, sigilosamnete me acosté a su lado, para no despertarla, ya echado recordé lo que dijo Tamara ¿qué hubiese pasado si Ian se quedaba con Carolina? pues tal vez, ahora no tendría unos hijos tan hermosos como ustedes.
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