A los pies de un frondoso árbol, yacía mi cuerpo maltrecho conteniendo mi alma herida.
Llegó una dama que, con palabras de ánimo y algunas hierbas, intentó curarme. Pero no bastó; agradecí su esfuerzo y, amablemente, pedí que se marchara pues mi cuerpo y mi alma, necesitaba más de lo que ella me daba, para curarme.
Por la vía pasaron dos personas más, se acercaron a mí preguntando el porqué de mi estado más nada; tan pronto respondí, siguieron su camino.
Acercase a mí, entonces, una mujer de alma noble que, con un paño untado de algún remedio casero, curó mis heridas. Al principio no la reconocí, puesto que apenas si podía alzar la mirada, pero su aroma y su acento se me hacían muy familiares. Me llevó a su morada y acomodó una habitación para mí, diciéndome “descansa”, me dejó dormir.
Desperté a la mañana siguiente, muy recuperado, baje hacia la sala de estar y ahí estaba ella de espaldas, cuando la vi….
- ¡Tú! –exclamé sorprendido-
- Despertaste, ¿ya estás mejor? – me dijo con tono suave-
- ¿Fuiste tú quien me curó?
- Sí, yo….
- ¿Por qué? – Interrumpí- ¿Porqué me curaste?, si fuiste tú quien ocasionó mis heridas ¿quieres volver a lastimarme?
- No, para nada….
- ¿Entonces? –Interrumpí de nuevo-
- Es mi forma de decir lo siento
- -sonreí irónicamente-
- Tú no merecías lo que te hice –continuó- y te pido perdón por ello; tú…..tú no sabes cuánto me arrepiento.
- ¿Por qué lo hiciste? Te aprovechaste de mis sentimientos hacia ti.
- No, eso nunca; no fue mi intención lastimarte, todo lo que ocurrió, ocurrió porque escapó de mis manos, yo….
- ¿Tú qué?
- Yo te amo….
Quedé sorprendido, así que nos sentamos a hablar tranquilamente, yo ya no estaba airado; platicamos y me embargaba en una ternura infinita tras escuchar cada una de sus palabras.
Perdoné sus actos; pasamos juntos el resto del día y en la noche sólo puedo decir que dormimos.
Ian
No hay comentarios:
Publicar un comentario