.....y otros cuentos

martes, 11 de enero de 2011

¿Estás saliendo con alguien?

Te conozco, sé casi todo de ti y creo que me ocultas algo, ¿qué puede ser?, no estoy segura si lo sé, o no pero tengo ligeras sospechas.

Hablaré sin rodeos, para variar (pues sabes que siempre he sido muy directa contigo), dime ¿estás saliendo con alguien? supongo que si, por la manera en cómo tapaste tu celular apenas entró una llamada; sí llegué a ver quién era, pero no me es relevante, lo que si me importa es tu felicidad.

No me molestaría ¿sabes?, ya lo hemos hablado hace algún tiempo ¿recuerdas lo que te dije? tengo tanta memoria, como oasis hay en el desierto, pero recuerdo bien lo que te dije y era más o menos lo siguiente:

“...Si llegas a salir con alguien, si alguien te gusta y crees que pueda pasar algo o si estuvieras con alguien, me gustaría que me lo dijeras, sólo me gustaría saber si eres feliz…”

Si alguna vez me dañaste sé que no fue adrede, son cosas que se escapan de las manos, por eso sé no eres mala persona, por eso quiero lo mejor para ti, por eso no quisiera que te lastimen, pues no guardo sentimientos negativos hacia tu persona, más bien todo lo contrario.



sábado, 8 de enero de 2011

Dos cruces (♀♀)

A espaldas del pueblo


Anabel, hija de un importante miembro del concejo real, era muy bella, amable y soltera; cosa curiosa pues a los 22 años, una mujer de su época ya debió haber sido desposada, ¿el problema?, sus hermanos.

Ella era la única mujer entre 3 hermanos y para que un hombre osara pedir su mano en matrimonio tenía que ser aprobado, no sólo por Alberto, Fernando y Eduardo, si no también tenían por su propio padre; trece pretendientes tuvo Anabel, de los cuáles ocho rechazó ella misma, por su falta de sinceridad y quien sabe por qué otras razones; cuatro fueron puestos en vergüenza de una manera tan humillante, que los obligó a abandonar la ciudad.

El décimo tercer pretendiente, era un joven apuesto, Anabel se sentía atraída por él, incluso salieron juntos una o dos veces, no les duró mucho; puesto que sus hermanos, al enterarse de éste romance, se encargaron de herirlo tanto como para trasladarlo de emergencia a otro país.

Anabel se enteró de esto mucho después, pero al saberlo se dio cuenta de que no iba a encontrar al amor de su vida si seguía viviendo bajo la sombra de sus hermanos; así que hizo sus maletas y decidió partir.

No sabía a dónde ir así que, mientras estaba hospedada en una habitación, le escribió una carta a su tía Yamilé preguntándole si podía cederle una habitación. Yamilé ni siquiera lo pensó, estaba encantada con la idea; Sonia, aún más….

viernes, 7 de enero de 2011

Dos cruces (♀)

En la mansión


En un pueblo llamado Petrasboria, al norte de Mundania, se hallaba una familia que, por generaciones, servían a los Parazzo; una poderosa familia, ya que, muchos de sus miembros pertenecían al concejo real.

En el seno de aquella familia, de clase servil, nació una niña a quien le dieron por nombre Sonia; desafortunadamente la madre de Sonia falleció al dar a luz y el padre, se suicidó dos meses después.

La pequeña Sonia se habría quedado sin familia a excepción de su tía pero ella no estaba en condiciones de mantenerla; Yamilé, última hija de la familia Parazzo, cuando se enteró de ésta situación decidió adoptar a Sonia como su hija, más nunca le ocultó nada al respecto.

Desde niña Sonia tenía gustos peculiares; le fascinaba la caza, tanto como los partidos de rugby y cada día se volvía más diestra con la espada; a medida que iba creciendo, sus pasiones se hacían más notorias, lo cual en su época no era bien visto, pero Yamilé no la juzgaba, era bastante comprensiva con ella y la apoyaba en todo lo que podía.

Sonia con 24 años de edad, soltera y con gustos peculiares, daba por hecho que no era igual a las otras muchachas de su edad, es más, se sentía atraída por una de ellas…

martes, 4 de enero de 2011

Nuevo yo, más habladurías

¿Te cortaste el cabello? - No, me creció la cara. Esa es, siempre, mi irónica respuesta a tan estúpida pregunta, y es que las personas hablan por costumbre, porque desconocen otros términos, o simplemente, por incultos; pero no hablaré de eso ahora.

Ya han pasado 2 semanas desde que me corté el cabello, y me atrevería a decir que nadie, hasta hoy, se ha incomodado con mi corte.

Esta mañana, salí de la ducha con el cabello húmedo y despeinado, me miré al espejo y no es por vanagloriarme pero no se me veía nada mal, luego de cambiarme y todo decidí dejar un encargo en casa de un pariente, mi padre me vio y suponiendo que yo pretendía salir así, despeinada, muy incómodo me recriminó que porqué no me peinaba, que debo tener más cuidado con mi aspecto, que no tengo autoestima (si supiera cómo aumenta mi ego al mirarme al espejo), entre otras cosas también mencionó el hecho de haberme cortado el cabello como yo quería, que parecía varón, que porqué no me lo corté chiquito como él; y claro eso último es obvio, su corte es de señor, yo quería un corte juvenil.

Pasando ese inconveniente pasé a otro un poco más incomodo....antes de salir una tía llegó a mi casa, como era la primera vez que me veía con el corte me dijo "Te cortaste el pelo (...) ah mira que bien te queda" (hipócrita) le agradecí su comentario también de manera hipócrita.

Salí de mi casa y mi vecina, a quien por educación saludé, me miró muy extrañada mas no se tomó la molestia de preguntar nada (menos mal) sólo respondió el saludo, intuyo que también hipócritamente.

Llegué a la casa de mi tía, a darle el encargo que me habían encomendado, salió y me saludó sorprendida, también, por mi corte; y queriendo saber que era lo que me había animado sólo atiné a decirle que estaba cansada de la cola y de lo niña que me veía con ella.

Regresé a casa, con un producto para el cabello que mi tía me había obsequiado y le comenté aquello a mi abuela, quien de manera hilarante dijo que no lo usaría por mucho tiempo ya que mi cabello pronto crecería (lo que no sabe es que me lo volveré a cortar si eso pasa).

En la tarde, una amiga me preguntó si era verdad lo que decía en mi MSN (con el cabello corto) y yo le dije que si era cierto, ella fue la única que no me incomodó, será porque es mi amiga y no un familiar o porque a ella sí le puedo hablar con sinceridad.

Me corté el cabello, en parte porque no quería verme mas como una niña; pero, por otro lado, quería verme algo varonil y aunque digan que me veo un poco más femenina me siento mejor así, me siento libre, me siento jovial, con un mejor semblante, y porque no….femeninamente varonil.


sábado, 1 de enero de 2011

Cartas ajenas

A los pies de un frondoso árbol, yacía mi cuerpo maltrecho conteniendo mi alma herida.

Llegó una dama que, con palabras de ánimo y algunas hierbas, intentó curarme. Pero no bastó; agradecí su esfuerzo y, amablemente, pedí que se marchara pues mi cuerpo y mi alma, necesitaba más de lo que ella me daba, para curarme.

Por la vía pasaron dos personas más, se acercaron a mí preguntando el porqué de mi estado más nada; tan pronto respondí, siguieron su camino.

Acercase a mí, entonces, una mujer de alma noble que, con un paño untado de algún remedio casero, curó mis heridas. Al principio no la reconocí, puesto que apenas si podía alzar la mirada, pero su aroma y su acento se me hacían muy familiares. Me llevó a su morada y acomodó una habitación para mí, diciéndome “descansa”, me dejó dormir.

Desperté a la mañana siguiente, muy recuperado, baje hacia la sala de estar y ahí estaba ella de espaldas, cuando la vi….

  • ¡Tú! –exclamé sorprendido-
  • Despertaste, ¿ya estás mejor? – me dijo con tono suave-
  • ¿Fuiste tú quien me curó?
  • Sí, yo….
  • ¿Por qué? – Interrumpí- ¿Porqué me curaste?, si fuiste tú quien ocasionó mis heridas ¿quieres volver a lastimarme?
  • No, para nada….
  • ¿Entonces? –Interrumpí de nuevo-
  • Es mi forma de decir lo siento
  • -sonreí irónicamente-
  • Tú no merecías lo que te hice –continuó- y te pido perdón por ello; tú…..tú no sabes cuánto me arrepiento.
  • ¿Por qué lo hiciste? Te aprovechaste de mis sentimientos hacia ti.
  • No, eso nunca; no fue mi intención lastimarte, todo lo que ocurrió, ocurrió porque escapó de mis manos, yo….
  • ¿Tú qué?
  • Yo te amo….

Quedé sorprendido, así que nos sentamos a hablar tranquilamente, yo ya no estaba airado; platicamos y me embargaba en una ternura infinita tras escuchar cada una de sus palabras.
Perdoné sus actos; pasamos juntos el resto del día y en la noche sólo puedo decir que dormimos.

Ian